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sábado, 12 de noviembre de 2011

Altamar


Aquella noche, entre la ventisca, pude dar con tres marineros que bebían a raudales en una herrumbrosa posada.
- Son más de las doce- me dijo el ventero, un hombre robusto de más de sesenta, huraño y de pocas palabras.
- Vengo a hablar con aquellos caballeros- le dije cortesmente, y señalé una mesa.
Me dirigí hacia el amplio salón, donde habría unas doce, tal vez quince, personas sentadas.
Una mujer se me quedó mirando. No me tomé la molestia siquiera de pensar si la conocía.
- Buenas noches.
- Gunnar... - se limitó a decir uno de ellos.
- ¿Le conozco?
Asintió con la cabeza y me invitó a sentarme.
El sujeto que se dirigió a mí era gordo, corpulento, de cara rosada y pelo y barbas blancas como la nieve.
Los otros dos lo miraban con temor y respeto, supuse que trabajarían para él.
- Cómo olvidarle... aquella noche de densa niebla. Usted en el barco...
De repente su cara adoptó un gesto severo; se quedó pensando un momento, con sus dedos mayor e índice sosteniendo su frente.
- Usted no pertenece aquí.
- ¿Qué?
- Lo que oyó, Usted no pertenece aquí. Puede quedarse, si lo desea, aunque nadie de los suyos lo haya soportado, podría Usted ser el primero, ¿por qué no?
Lanzó una risa horrible semejante al vómito. Pidió más ginebra.
Me hizo una seña para que me sentara. Bebí en silencio.
- Aquella noche usted no representaba en mí mas que la imagen de un molusco en la red, desposeído. Para cuando la neblina nos cegó yo me disponía a dormir. Sentí el sacudón en la proa. Bien sabemos todos que el Galante no es un navío en el que algo así puede pasar desapercibido. Salí del camarote apoyándome en las paredes, dando pasos ciegos e imaginándonos a merced de algo poco común, de otro orden quizá, como esas historias que contaban los viejos marinos. ¡Valgame Dios! Ante mis ojos una escena que no hubiera escogido presenciar nunca. El mar en llamas, llamas amarillas, inflamadas, podridas, ¡malditas llamas! Aquello era como el mar del infierno. Recuerdo a alguien de mi tripulación decir que se trataba de fuegos fatuos. Nada más errado, excepto que el agua tuviera fósforo en lugar de hidrógeno. En esos momentos de estupor, también lo recuerdo a usted, maniatado, mirando cómo llegaba nuestro fin. De pronto la madera crujió y fui derribado y cortado por una escama. Es todo lo que vi. Una escama gigante. Luego, con el agua tragándonos, el fuego, la niebla, la tripulación desesperada, la noche y el infierno esperándonos, el ojo del pez, un ojo bruto en medio de la noche, coletazos que cortaban la madera como sierras, filo mortífero que desmembró al menos a tres marinos. Volví mi vista hacia usted, otra vez, seguía atado al mástil. Sudaba como si ardiera de fiebre. Corté los nudos con una daga turca que había allí en el piso. Comenzó entonces un ruido insoportable, un sonido agudo que pinchaba nuestros tímpanos como si metiéramos un alfiler en los oídos. Caímos desfallecidos, una última mirada, usted y yo, antes de perder la conciencia, sudados, envueltos en una cobija roja, la madera todavía crujiendo, la almohada en el piso.

-¿¡Qué hora es!?
- Seis y media, tranquilo, hoy es sábado.






viernes, 11 de noviembre de 2011

Color y metáfora I

Al afamado médico del pueblo los niños lo exprimieron; quedó puro jugo y pulpa, como la naranja.
Ya en el consultorio una señora muy fea se lo bebió con sorbete mientras éste le recetaba unas cremas. Sólo su voz continuó prescribiendo medicamentos, a fuerza de costumbre. Nadie jamás notó la diferencia.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Qué lindo que es estar en Mar del Plata

Dos antenas disfrutan del sol de agosto en una playa cerca de Barbados. Detectan barcos mientras les untan antioxidante para evitar la herrumbre. Ellas son las divas del medanal, ellas dos, impávidas, ellas dos, imponentes.
Una lata de choclo yace vacía sobre los caracoles, de tanto en tanto mecida por el viento. Un hombre con un pincel busca una bolsa y contempla la lata. Patea con ella un penal al arco del océano. No encuentra la bolsa, olvida que la busca.
Una nube grisácea mancha de sombra a una pequeña porción de océano; bajo ése agua ennegrecida, un tiburón busca alimento.
Un grano de arena es aplastado por una ola al romper; un melancólico grano de arena, disgregado.
El viento silba un chirrido permanente a través de los huecos de una arenisca desmayada en la playa.
Un arbusto lindero dedica especial atención a seguir creciendo. Una arañita blanca teje afanosamente su tela en el follaje del arbusto, guarecida del sol, esperando el banquete.
Otro grano de arena se interna en el pelo negro y crespo del otro hombre con pincel, para terminar mas tarde en una ciénaga de champú.

sábado, 15 de octubre de 2011

El pecado original Versión 2.0

Hoy sentí que era un día hermoso para reciclar barbarie.
Antes del comienzo del partido abrí el tercer cajón y saqué una foto. La doblé en cinco pliegues y la herví a baño maría.
Los recuerdos gaseosos paseaban por la casa pero su carga emotiva se desvanecía, tal como se desvanecen las impurezas de una papa trozada en una olla de agua al fuego.
Un doctor que retoñaba por la vereda inhaló un poco de angustia al vapor y acto seguido echó a llorar densas gotas melancólicas, justo frente a la plaza.
A un militante que llevaba una bandera azul ésto le pareció una pelotudez.
A mi, que no soy metódico, se me pasó el agua para el mate.
A una flor que residía a los pies del doctor le cayó una gota nostálgica que sorbió la raíz, para así nutrir al torrente de savia rosa-acartonada, dando orígen al famoso grano de polen apático.
Una abeja que por allí pastaba se alejó del rebaño y degustó el polen. Al cabo de unos días, la desesperada abeja consultó en el panal a la abeja psiquiatra, y ésta le recetó miel descafeinada y desmielizada.

Todos los seres vivos supieron del orígen de estos desequilibrios y resolvieron encanarme, pero para ese entonces el mundo ya se había descontrolado.

martes, 6 de septiembre de 2011

En el tren

El señor del sombrero me observaba con disimulo. Llegué a preguntarme (medio dormido como estaba) si me habría quedado espuma de afeitar en la cara o si por esas cosas de la vida, aquella mañana se me hubiera olvidado vestirme.
Con la palma de la mano me toqué un poco la cara haciéndome el que bostezaba y mi primer incógnita quedó resuelta. No había vestigios palpables de espuma de afeitar, ni cortes de consideración.
A continuación, bajé la mirada y lo primero que vi fueron zapatos. Mis zapatos. Alivio.
Un poco más arriba asomaban las medias, una de cada color, acovachadas bajo el jean. Al menos de la cintura para abajo estaba cubierto.
Mirándome la panza vi mi camisa nueva, una blanquita muy linda que estaba en liquidación y a muy buen precio.
Vaya uno a saber qué le llama la atención a este tipo, pensé. Resolví no darle importancia al asunto y seguí con mis cavilaciones.
A la vera de las vías: casas; pasto; una casilla; una vaca; mugre; nuevamente casas... todo pincelado por el lindo sol de mediodía.
Al parar en una estación (faltaba para Retiro) empiezo a escuchar dos voces masculinas que sobresalían entre el cuchicheo del resto de los pasajeros.
Eran dos pibes que venían "escabiando del pico" de una botella de cerveza. Sólo hablaban fuerte y lanzaban risotadas, nada más.
De pronto, el tipo del sombrero les pide a los muchachos con un: shhhh!!! que se callen.
- ¡Callate vos, ortiba! , le responden
El sombrerero se empieza a poner loco y a transpirar.
Los muchachos siguen con lo suyo.
- ¡Qué sombrerito te echaste pá, ehhh! le grita uno.
Sonamos, lo agarraron pal churrete, pense yo.
El agredido se levantó del asiento dispuesto a increpar al que le gritó. Tan hecho una furia iba que no vio un pie que con malicia se interpuso en su camino. Cayó de bruces ante la risotada general. ¡Para qué!!... el tipo estaba como loco, medio que se le había deformado la cara de la luna que tenía. Transpiraba. Estaba rojo y caliente como lava.
Dio dos pasos y explotó, dejando una estela de papel picado que recorrió el vagón para acabar en el piso.
Todos nos quedamos helados. De pronto se escuchó un ehhhhh? que rompió el silencio. Seguido de un qué carajos pasó? de una señora que estaba unas filas mas allá.
Murmullo general. Caras de desconcierto.
El tren llegó a Retiro.
Nos bajamos.
Nadie dijo mas nada.
Subí al subte y, como faltaban unos minutos para entrar al laburo me compré un alfajor y un café al paso.
Mi jefe me mira, entre risueño e intrigado, y me dice:
- ¡Qué cara eh! Como se nota que es lunes...
- Es lunes, pero no me vas a creer lo que pasó, en el tren, un tipo explotó, una locura...
- Y sí, todos explotamos... viste lo que es el mundo hoy día, las presiones, los vencimientos, es más, la semana pasada, a mi suegro ...

lunes, 5 de septiembre de 2011

Interviú

Hace unos días, nuestro querido Contumante le hizo una entrevista a un conocido antropólogo que andaba por la ciudad. Dicha entrevista constó de una sola pregunta:

C - ¿De qué cuadro es usted?

A - ¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

C - Emm... disculpe maestro, no me refería a eso en mi pregunta.

A - Es todo lo que voy a decir.

jueves, 18 de agosto de 2011

Crónicas oficinales. Continuación de la perra anarquista. También continuará

Era una mañana invernal, fría, como las demás, y Beto, el ordenanza, leía en la oficina:
"... en el medio del océano, miles de centinelas combatian..."
- ¡¡Beto!! ¡dejá de leer pelotudeces!, ¿por qué no te ponés a estudiar? le dijo su jefa. -Te vas a recibir el día del arquero si seguís así...
- Claro, él lee novelas... mmm... acotó Betty, tirando el anzuelo donde no la habían invitado a pescar...
Caras de reprobación general ante la escasa dedicación del ordenanza a los estudios contables.
El mediodía irradiaba el olor a pescado recalentado-en-microondas de alguna oficina lindera. Los pasillos del ministerio parecían una feria de comidas, con los vendedores golpeando puertas y anunciando su llegada.
Beto salió algo indignado de la oficina a buscar alguna empanadita de carne para manducar. "Tengo unas ganas de irme a la mierda..." pensaba. Le palmean la espalda. Se da vuelta y reconoce la figura agigantada del gordo Tulio:
- ¡Qué hashée betito! -a partir de este momento, Beto habla en primera persona-
- Acá estoy, gordo, comprando algo pa' comer. (por qué no te vas un poquito a cagar)
De pronto aparece alguien mas, ni idea quien es, pero aprovecho y me voy silbando bajito, porque al gordo Tulio le das letra y te escribe una biblioteca...
Vuelvo a mi oficina dispuesto a engullir la empanada, todavía caliente. Golpean la puerta. Nadie se levanta de su silla a atender.
"Vamos Beto, que a las cuatro nos rajamos. Con cariño: tu conciencia"
Traen unas notas y memorandos de la Subdirección fiscal de conflictos melodramáticos.
Saco fotocopias, como se acostumbra en mi sector, y me traigo todo a la computadora para ingresarlo por el sistema. ¿La empanada? Bien, gracias. Mandá saludos si la ves.
Betty libera el teléfono luego de cuarenta minutos de una catarata de problemas que son el deleite de sus compañeros. Tiene las facciones relajadas por la catársis, mientras el resto piensa en convocar un paro de orejas por el resto de la jornada.
Suena el teléfono. Atiendo. Es la secretaria del gerente:
- ¡Hace media hora que estoy llamando! ¿Quién habla tanto por teléfono?
- La verdad que no se. Yo recién llego. (¡Mentira, fue la cornuda de Betty, que se rasca a cuatro manos y además, habla por teléfono)
- ¿Podés venir que tengo un par de trámites?



viernes, 29 de julio de 2011

Perra Anarquista

Tomaba un descanso en medio de la jornada laboral. Él.
Él era Beto, el ordenanza, en un banco de la plaza.
Sacó de su bolsillo un atado de philip morris y prendió uno. Disfrutaba de los vaivenes del sol. Se soñaba despierto. En eso, ve que pasa caminando la rubia. LA Rubia, pero no por su belleza, sino por la curiosidad que despertaba en él tamaña estupidez de mujer. Le gustaba observarla. Más de uno hubiera creído que estaba enamorado de ella.
La rubia se desempeñaba como asesora del Gerente General de Pactos Arancelarios e Intervenciones Remotas. Nadie podía decir a ciencia cierta cuál era su tarea. Se la veía felíz, por los pasillos del Ministerio, con un aire de relajo constante. Beto creía que ella se encargaba de llevar la agenda con los cumpleaños de funcionarios, bautizos de los nenes y cosas así. No se si lo escuchó alguna vez o lo imaginó.
La blonda venía hablando por teléfono, con bolsas en una mano, su cartera y sus botas símil cocodrilo.
¡Puaj! murmuró Beto, el ordenanza, el de los pies ligeros, mientras ella desfilaba por la plaza.
Una vez perdida en la vorágine matinal, Beto, el de los pies ligeros, contempló la figura de un cuadrúpedo que se acercaba. "Cuadrúpeda" aseveró después. Chifló e hizo un chasquido con las manos para llamarle la atención, para que venga a recibir el mimo.
Ni cinco de bolilla. Se acercó e ignoró su presencia con aire altanero, muy pulcra ella para parecer de la calle. Y sin embargo lo era.
Se detuvo a mirarlo por unos segundos, y Beto, el de los pies ligeros, creyó adivinarle el mensaje
"No soy tuya, ni de nadie; soy de todos lados. Recibo mimos y comida cuando se me antoja, no como esa manga de oligarcas que viven cómodos y esclavos en las casas con sus "amos", fichando día a día su tarjeta de simpatía. Ni que hablar de esa nueva camada de canes inventados, pequeños bonsai, todos refinados. Yo soy anarquista."
Dicho esto siguió su camino, libre, como el sol cuando amanece, como decía Nino.
Beto se quedó pasmado ante tal revelación. Se preguntó qué pensaría la rubia de todo aquello. Imaginó que ni se habría percatado de la presencia de la perra. Porque ella tenía ojos para cosas que no existen, o más bien, les deformaba la existencia a cosas que existen. Y miraba del medio de su campo visual hacia arriba.
La perra miraba para donde se le venía en gana, fiel a su instinto y a su libre albedrío.

miércoles, 15 de junio de 2011

Henry IV

Mientras agonizaba la noche, Susan preparaba té en sendos cuencos.
El suave aroma a hierbas deambulaba por la casa, llevándole a Henry el desayuno a la cama.
-Anoche sabía a alas rotas- dijo, entre despierto y dormido, contemplando la taza.
Ella estaba detrás de la puerta, escuchando.
-Menudo susto se llevará cuando intente vestirse- pensó.
Luego sonrió, y la cocina se inundó de sol, de plumas, y de huesos, que destrozaron los perros.


jueves, 2 de junio de 2011

Alma


Las hojas muertas del otoño no son más que una parte de la transformación. Nada muere.
Así lo pensé mientras esperaba en la avenida. Peatones y autos y motos y colectivos, como abejas,  forman enjambres. Deambulan, circulan con rumbo incierto, al menos para mí, y quizá para ellos también.
A menudo suelo preguntarme qué mueve a las personas en ese instante particular en el que las observo.
La reina muere, el panal seco se cae; caos.
Un automóvil colisiona contra un poste de luz. Al parecer, el conductor vendría hablando por teléfono.
Lo emparchadores tapan el bache, los de la luz colocan el poste. Los del seguro dan vueltas. El abogado habla por teléfono. Distraído, otro auto lo atropella.
- ¡No pude frenar a tiempo! gime la mujer.
Viene la ambulancia. El hombre está dolorido, nada más que un susto, un susto con sabor a milagro.
La policía cierra la calle. Colocan las fajas. Los peritos analizan. Los observadores observan.
Un observador saca un cigarrillo de marihuana del bolsillo de la campera y lo prende. Pita. Exhala.
Otro policía lo advierte (advierte el hecho) y procede a su detención.
Se lo llevan. El hombre es Australiano. "Deportado" sentencia el acta labrada. Unos días en la celda, llamadas administrativas al consulado, papeleo. Lo llevan al aeropuerto. Llega a Sydney, estornuda.
Expulsa una bacteria que trae de acá. La gente muere, el virus muta. Nosotros mutamos.
Nuestro panal aún no cae, aunque sólo es cuestión de horas. Yo estoy en la vereda, esperando la caída; sin pánico alguno, puesto que soy hombre de Fé, y un hombre de Fé sabe que no existe final, sino sucesiones de momentos, y en éste momento en particular, un auto colisiona contra un poste de luz, y el enjambre se repite, y las sirenas suenan, de nuevo.


domingo, 15 de mayo de 2011

A propósito

El arquitecto estaba parado, de espaldas al sol, contemplando la obra.
El viento arremolinaba en su cara y él sonreía como sonríen los diablos.
Había dibujado en los planos una escalera de entrada, de unos diez peldaños grandes, aunque no muy alta. El edificio quedaba de esta manera veinte metros adentro de la manzana, bastante más escondido que el resto de sus vecinos, los otros edificios.
No fue en nombre de la vanguardia, ni un hecho fortuito; resultaba difícil adivinar su motivo contemplando su rostro alegre, pero esa mueca de diablo, como dije antes, dejaba entrever un hilo malévolo que se hizo ovillo con el progreso de la obra.
Su intención –él mismo me lo reveló años mas tarde- fue la de dejar una marca de su resentimiento personal , plasmarla en aquella construcción.
El espacio vacío que dejaba el edificio desde la puerta, pasando las escaleras hasta la vereda, serviría para que el viento almacenara allí grandes cantidades diarias de bolsas, hojas, papeles…
Pude contemplar la obra finalizada – la obra malévola, el edificio ya estaba terminado hace tiempo- los primeros días del otoño pasado, cuando vi al encargado maldecir, mirando al cielo, y barrer durante horas y horas, todos los días en aquella trampa malintencionadamente perfecta.

jueves, 12 de mayo de 2011

El último sol

Arremangóse -literalmente-. Puesto que no vestía camisa, el brazo huesudo se alzó. Su falange anular se esforzó por tocar el sol. Se hizo la eterna noche.
Era él... último ser vivo en la galaxia.

viernes, 22 de abril de 2011

Breve historia de los chacinados

Todo se remonta al siglo xxvii a.C., cuando la dinastía Persa sufría una grave crisis moral, ética y episcopal.
El príncipe Amín, hijo de Amón, y nieto de Salmón (casado con Beatríz Salomón), se disponía a acceder al trono del imperio. Ésta historia puede ser corroborada visitando las minas del rey Salomón (hermano de Beatríz).
Ellas transmitieron dichos sucesos degeneración en generación.
La leyenda cuenta que debían superarse una serie de pruebas para ser el nuevo Califa. Y fue en una de ellas, en las que el jóven Amín trastabilló... y se partió un diente contra el piso.(véase, "el diente de Amin", tomo 914)
Fue durante ésos dias de arduas pruebas, cuando el príncipe vivió una experiencia sobrenatural, similar a lo que le sucedió a Napoleón siglos después. A manera de relax, se propuso ir a tomar un aperitivo al bar de la pirámide, pero ya venía algo "copeteado" de palacio, asique se perdió en el laberinto de cámaras, vestuarios y camerinos.
Arribó a una sala, de la que "brotaba" la luz, lo cuál le llamó la atención.
Caminó unos pasos, y distinguió una silueta humanoide que se dirigía hacia él.
- Hola! Mi nombre es Fabio Zerpa (balbuceó el alienígena en Guaraní, lengua dominante en aquel momento), y vengo a cumplir con una misión de índole gastronómica.
Dicho esto le otorgó un objeto (desconocido para Amín), y se elevó hacia el vórtice de la sala, donde misteriosamente desapareció.
Aturdido, el príncipe no advirtió los gritos de sus súbditos, tratando de derribar la puerta de la cámara.
Éstos le decían:

“Sal Amín!!! Sal!!!
 Sal Amín!!! Sal de ahí!!!”

Estaba pasmado contemplando el “obsequio divino”, cuyo aroma le fascinó; entonces sacó del turbante su navaja “jinsu” y le quitó la piel que lo recubría. Lo cortó en finas rodajas y se lo comió.
Salió de la cámara, y al encontrarse con sus súbditos, les dijo:
Señores, he tenido una iluminación… he descubierto el Salamín.

martes, 5 de abril de 2011

Historia Antigua vol. I

Abdul Mustafá fue príncipe de Baghdad. Recibía con disgusto y desazón las constantes quejas de sus súbditos, en su mayoría por una ordenanza que prohibía la poligamia.
- "Alá se presentó ante mi, oh querido pueblo, y me habló de la fidelidad y del amor entre dos personas. ¡No más orgías compañeros!- dictaminó el soberano.
- ¡Buuu! ¡Alcahuete! ¡Mentiroso! ¡Taffarel! ¡Impostor!- gritaba el pueblo indignado.
El revolucionario príncipe, hostigado por su gente, resolvió abdicar.
- ¡Que los gobierne Magoya!- dijo
Y Magoya los gobernó, y volvieron las orgías, el opio y la sangría.

sábado, 26 de marzo de 2011

Un laboratorio donde se estudia el alma

El viejo Miguel se tomó el trabajo. Comenzó hace mucho, una mañana de Septiembre, a juntar los deseos de la gente.
Los fue colocando en frascos y los etiquetó, uno por uno, para luego observarlos con el infrascopio.
- "Sé que no voy a descubrir la esencia de nada"- repetía
- Verán, por aquellos días estaba yo muy sensible...
Me daban lo mismo los nuevos modelos de automóviles, los avances tecnológicos, los bestsellers, el cine, las nuevas comidas de las que el mundo hablaba. La música que amaba colisionaba contra un muro blasfemo, de colores brillantes y cajas bonitas.
Con mis seres queridos la conversación era circular, siempre en el contorno. Sin embargo, yo sabía (¡lo sabía!) que existía algo mas que aquella predestinada y carcomida rutina.
Algún tipo de angustia repicaba en mí como una gran campana de bronce, bien adentro, persistente, amiga (por aquél tiempo la consideraba justamente lo contrario)
Entonces comencé a prestarle mayor atención, a escucharla, enhorabuena.

-No es contradicción, sino mas bien difícil de explicar, eso que producía en mí aquella mirada triste bajo el puente.
Como no viajaba a menudo por aquellos lares, solía olvidarla con el transcurso de las horas.
El hecho es que, la última vez que la vi, me sonrió -o al menos eso sentí- y no podría precisar por qué, su rostro... su recuerdo perenne, ¡sus ojos! florecían día y noche.
Tan humanizado me sentía... decidí ir a buscarla. Me vestí, sin desayunar, y bajé a tomar el colectivo.
Ya no estaba.
Para mi sorpresa, encontré varios de aquellos rostros tristes, otros.
Gentes barridas bajo el tapete de las "grandes oportunidades".

-Decidí tomar esas impresiones, y, contradiciéndome, captar la esencia de aquello que veía y sentía.
Decidí también utilizar mi tiempo libre para ahondar en esta investigación.
Destrocé un paradigma científico. Pude captar al objeto en-sí, el Noúmeno del que hablaba Kant, pero no pretendo brindar mayores detalles sobre eso.
No quiero ningún premio.
Sólo anhelo que la gente experimente todas estas sensaciones, deseos y sueños de otras personas, pero en carne propia; mostrarle al mundo lo que yo veo.
Sigo trabajando para construír el equipo que lo haga posible.
Si lo logro, seguramente hable con alguna Universidad para presentarlo a la comunidad científica. Caso contrario, dedicaré mi vida a intentarlo, después de todo, me parece que persigo un fin mucho más justo y menos egoísta que el de ésos tontos alquimistas del siglo XV.

martes, 15 de marzo de 2011

En el quinientos seis y en el dos mil también

Maribel preparaba el estofado mientras, de fondo, Obama hablaba sobre el Tsunami en Japón.
- ¿Y éste quién se cree que es? ¿El presidente del mundo?
- ES el presi del mundo, vos que te pensás... ¿le falta mucho a eso? le contestó Héctor, su marido.
- Le falta un rato, hacete unos mates viejo... (pensativa mientras revuelve, busca las palabras para expresar su idea)
- ...sabés que pasa... me indigna... los yanquis y muchos giles pensaban que el muñeco éste iba a cambiar algo, pero no...
- En eso tenés razón mujer, es como comprar picada común o especial, te gastás un mango más pero a fin de cuentas es lo mismo.
- ¡No hay Yerba! (Maldice en voz alta)
- Me voy a lo de Mario a comprar.
Y salió por la puerta, silbando bajito, como quien no quiere la cosa, aquel tango de Discépolo.

jueves, 3 de marzo de 2011

miércoles, 2 de marzo de 2011

El culto silencioso

La ceremonia se celebró según lo convenido. Cada uno de los miembros transitaría su jornada normalmente. Sin reuniones ni ritos, medallas o diplomas.
Meditaciones por dentro, normalidad por fuera.
Ello le imprimió un sello perfecto, que ni el lacre más precioso podría jamás igualar: su carácter secreto.

lunes, 28 de febrero de 2011

Piedrita

Rubén era un hombre de grandes anhelos.
Geólogo, noctámbulo, poeta y ensayista.
Su vida giraba en torno a las piedritas. A todos les hablaba de ellas. Incluso les escribía poesías.
Una noche su mujer le arrojó una por la cabeza al grito de -¡¡me tenés re podrida Rubén, vos, tus piedras, tu hermana y esos garabatos que escribís!!
Lo llevó la ambulancia, desmayado, con su piedrita incrustada en la frente, directo al hospital.
Le descubrieron también cálculos en la vesícula.
-"Mmm, tengo piedras adentro", pensó él.
-"Se juntaron el hambre y las ganas de comer" pensó Pocha, su mujer. El médico hablaba.
Años después, se doctoró en medicina.
Urólogo. Dale que dale con la piedrita.
Pesado como collar de melón "el Rubén".

miércoles, 23 de febrero de 2011

Humorada: "Yapa"

"Todo imperio tiene un emperador.
Ustedes me tienen a mí, que además de ser su emperador, soy un gil."