sábado, 12 de noviembre de 2011

Altamar


Aquella noche, entre la ventisca, pude dar con tres marineros que bebían a raudales en una herrumbrosa posada.
- Son más de las doce- me dijo el ventero, un hombre robusto de más de sesenta, huraño y de pocas palabras.
- Vengo a hablar con aquellos caballeros- le dije cortesmente, y señalé una mesa.
Me dirigí hacia el amplio salón, donde habría unas doce, tal vez quince, personas sentadas.
Una mujer se me quedó mirando. No me tomé la molestia siquiera de pensar si la conocía.
- Buenas noches.
- Gunnar... - se limitó a decir uno de ellos.
- ¿Le conozco?
Asintió con la cabeza y me invitó a sentarme.
El sujeto que se dirigió a mí era gordo, corpulento, de cara rosada y pelo y barbas blancas como la nieve.
Los otros dos lo miraban con temor y respeto, supuse que trabajarían para él.
- Cómo olvidarle... aquella noche de densa niebla. Usted en el barco...
De repente su cara adoptó un gesto severo; se quedó pensando un momento, con sus dedos mayor e índice sosteniendo su frente.
- Usted no pertenece aquí.
- ¿Qué?
- Lo que oyó, Usted no pertenece aquí. Puede quedarse, si lo desea, aunque nadie de los suyos lo haya soportado, podría Usted ser el primero, ¿por qué no?
Lanzó una risa horrible semejante al vómito. Pidió más ginebra.
Me hizo una seña para que me sentara. Bebí en silencio.
- Aquella noche usted no representaba en mí mas que la imagen de un molusco en la red, desposeído. Para cuando la neblina nos cegó yo me disponía a dormir. Sentí el sacudón en la proa. Bien sabemos todos que el Galante no es un navío en el que algo así puede pasar desapercibido. Salí del camarote apoyándome en las paredes, dando pasos ciegos e imaginándonos a merced de algo poco común, de otro orden quizá, como esas historias que contaban los viejos marinos. ¡Valgame Dios! Ante mis ojos una escena que no hubiera escogido presenciar nunca. El mar en llamas, llamas amarillas, inflamadas, podridas, ¡malditas llamas! Aquello era como el mar del infierno. Recuerdo a alguien de mi tripulación decir que se trataba de fuegos fatuos. Nada más errado, excepto que el agua tuviera fósforo en lugar de hidrógeno. En esos momentos de estupor, también lo recuerdo a usted, maniatado, mirando cómo llegaba nuestro fin. De pronto la madera crujió y fui derribado y cortado por una escama. Es todo lo que vi. Una escama gigante. Luego, con el agua tragándonos, el fuego, la niebla, la tripulación desesperada, la noche y el infierno esperándonos, el ojo del pez, un ojo bruto en medio de la noche, coletazos que cortaban la madera como sierras, filo mortífero que desmembró al menos a tres marinos. Volví mi vista hacia usted, otra vez, seguía atado al mástil. Sudaba como si ardiera de fiebre. Corté los nudos con una daga turca que había allí en el piso. Comenzó entonces un ruido insoportable, un sonido agudo que pinchaba nuestros tímpanos como si metiéramos un alfiler en los oídos. Caímos desfallecidos, una última mirada, usted y yo, antes de perder la conciencia, sudados, envueltos en una cobija roja, la madera todavía crujiendo, la almohada en el piso.

-¿¡Qué hora es!?
- Seis y media, tranquilo, hoy es sábado.






viernes, 11 de noviembre de 2011

Color y metáfora I

Al afamado médico del pueblo los niños lo exprimieron; quedó puro jugo y pulpa, como la naranja.
Ya en el consultorio una señora muy fea se lo bebió con sorbete mientras éste le recetaba unas cremas. Sólo su voz continuó prescribiendo medicamentos, a fuerza de costumbre. Nadie jamás notó la diferencia.

lunes, 24 de octubre de 2011

Al pan, pan y a la granja, Eduardo


Esta es la història  de un “Eduardo”
Corrìa el año 2011 y Eduardito estaba ilusionado con volver “y Ser aquél “
Ya  no  con el fin de que todooooos se vayan a dormir a las 3 … sino más bien con ideas nuevas  y renovadas , pero había algo que el pobre “Eduardito “ no tuvo presente y fue la memoria de la gente , y hoy el tipo se tiene que ganar el Pan de otra manera .
Conoció unos amigos y dijo bueno ya que de ahora en màs esa Yegua sigue “ahì “  ( si por mì fuese en este País se termina la droga , la inseguridad y la prostitución  )….. ya veré a que me dedico ….
Tiempo después  , se deprimió  y se entrego a las pastillas , lo que acarreo  un sin fin de problemas económicos , pero después de toda desgracia hay también una suerte (Eduardito empezó una nueva vida , con un grupo de amigos en una granja , aprendió a hacer “Pan casero” … y vivía con patitos , cabritas .. o otras especies .
De tanto en tanto subía  al tren a vender los ricos panes …. Y nunca màs pagò el alquiler … y hoy es feliz y se va a dormir después de las 3 . 


Publicado por Cristián "piquillín"

miércoles, 19 de octubre de 2011

Qué lindo que es estar en Mar del Plata

Dos antenas disfrutan del sol de agosto en una playa cerca de Barbados. Detectan barcos mientras les untan antioxidante para evitar la herrumbre. Ellas son las divas del medanal, ellas dos, impávidas, ellas dos, imponentes.
Una lata de choclo yace vacía sobre los caracoles, de tanto en tanto mecida por el viento. Un hombre con un pincel busca una bolsa y contempla la lata. Patea con ella un penal al arco del océano. No encuentra la bolsa, olvida que la busca.
Una nube grisácea mancha de sombra a una pequeña porción de océano; bajo ése agua ennegrecida, un tiburón busca alimento.
Un grano de arena es aplastado por una ola al romper; un melancólico grano de arena, disgregado.
El viento silba un chirrido permanente a través de los huecos de una arenisca desmayada en la playa.
Un arbusto lindero dedica especial atención a seguir creciendo. Una arañita blanca teje afanosamente su tela en el follaje del arbusto, guarecida del sol, esperando el banquete.
Otro grano de arena se interna en el pelo negro y crespo del otro hombre con pincel, para terminar mas tarde en una ciénaga de champú.

Caracol Col Col (La felicidad)


Caracol Col Col vió una chica y después fue a ver al presidente. Después fue a la casa y después encontró a un perro.
Y depués se lo llevó a la casa y vivió feliz para siempre porque con la amiga que encontró se casaron.


SANTI

Caracol Col Col (La muerte)




Caracol Col Col fue a decir que estaba viejito a un señor que pone las estatuas de los viejitos.
Los viejitos se mueren y Caracol Col Col se fue a la tierra porque murió.


SANTI  

sábado, 15 de octubre de 2011

El pecado original Versión 2.0

Hoy sentí que era un día hermoso para reciclar barbarie.
Antes del comienzo del partido abrí el tercer cajón y saqué una foto. La doblé en cinco pliegues y la herví a baño maría.
Los recuerdos gaseosos paseaban por la casa pero su carga emotiva se desvanecía, tal como se desvanecen las impurezas de una papa trozada en una olla de agua al fuego.
Un doctor que retoñaba por la vereda inhaló un poco de angustia al vapor y acto seguido echó a llorar densas gotas melancólicas, justo frente a la plaza.
A un militante que llevaba una bandera azul ésto le pareció una pelotudez.
A mi, que no soy metódico, se me pasó el agua para el mate.
A una flor que residía a los pies del doctor le cayó una gota nostálgica que sorbió la raíz, para así nutrir al torrente de savia rosa-acartonada, dando orígen al famoso grano de polen apático.
Una abeja que por allí pastaba se alejó del rebaño y degustó el polen. Al cabo de unos días, la desesperada abeja consultó en el panal a la abeja psiquiatra, y ésta le recetó miel descafeinada y desmielizada.

Todos los seres vivos supieron del orígen de estos desequilibrios y resolvieron encanarme, pero para ese entonces el mundo ya se había descontrolado.

sábado, 24 de septiembre de 2011

El Cerco

No siempre para romper un cerco se necesitan dos manos y una tenaza. A veces, para romper un cerco hacen falta, mil manos, mil cerebros, ninguna tenaza y 200 años de historia.

martes, 6 de septiembre de 2011

En el tren

El señor del sombrero me observaba con disimulo. Llegué a preguntarme (medio dormido como estaba) si me habría quedado espuma de afeitar en la cara o si por esas cosas de la vida, aquella mañana se me hubiera olvidado vestirme.
Con la palma de la mano me toqué un poco la cara haciéndome el que bostezaba y mi primer incógnita quedó resuelta. No había vestigios palpables de espuma de afeitar, ni cortes de consideración.
A continuación, bajé la mirada y lo primero que vi fueron zapatos. Mis zapatos. Alivio.
Un poco más arriba asomaban las medias, una de cada color, acovachadas bajo el jean. Al menos de la cintura para abajo estaba cubierto.
Mirándome la panza vi mi camisa nueva, una blanquita muy linda que estaba en liquidación y a muy buen precio.
Vaya uno a saber qué le llama la atención a este tipo, pensé. Resolví no darle importancia al asunto y seguí con mis cavilaciones.
A la vera de las vías: casas; pasto; una casilla; una vaca; mugre; nuevamente casas... todo pincelado por el lindo sol de mediodía.
Al parar en una estación (faltaba para Retiro) empiezo a escuchar dos voces masculinas que sobresalían entre el cuchicheo del resto de los pasajeros.
Eran dos pibes que venían "escabiando del pico" de una botella de cerveza. Sólo hablaban fuerte y lanzaban risotadas, nada más.
De pronto, el tipo del sombrero les pide a los muchachos con un: shhhh!!! que se callen.
- ¡Callate vos, ortiba! , le responden
El sombrerero se empieza a poner loco y a transpirar.
Los muchachos siguen con lo suyo.
- ¡Qué sombrerito te echaste pá, ehhh! le grita uno.
Sonamos, lo agarraron pal churrete, pense yo.
El agredido se levantó del asiento dispuesto a increpar al que le gritó. Tan hecho una furia iba que no vio un pie que con malicia se interpuso en su camino. Cayó de bruces ante la risotada general. ¡Para qué!!... el tipo estaba como loco, medio que se le había deformado la cara de la luna que tenía. Transpiraba. Estaba rojo y caliente como lava.
Dio dos pasos y explotó, dejando una estela de papel picado que recorrió el vagón para acabar en el piso.
Todos nos quedamos helados. De pronto se escuchó un ehhhhh? que rompió el silencio. Seguido de un qué carajos pasó? de una señora que estaba unas filas mas allá.
Murmullo general. Caras de desconcierto.
El tren llegó a Retiro.
Nos bajamos.
Nadie dijo mas nada.
Subí al subte y, como faltaban unos minutos para entrar al laburo me compré un alfajor y un café al paso.
Mi jefe me mira, entre risueño e intrigado, y me dice:
- ¡Qué cara eh! Como se nota que es lunes...
- Es lunes, pero no me vas a creer lo que pasó, en el tren, un tipo explotó, una locura...
- Y sí, todos explotamos... viste lo que es el mundo hoy día, las presiones, los vencimientos, es más, la semana pasada, a mi suegro ...

lunes, 5 de septiembre de 2011

Radio Huno. Programa N° 1

Ante la lluvia de cartas y mails y cascotazos recibidos, acá va la segunda entrega de Hola, como estas, país, que va por radio Huno los jueves de 3:00 a 3:17 am. Por esas cosas de la vida, este es el primer programa que salió al aire.
Abajo, a modo ilustrativo, una foto de parte del equipo de Radio Huno derribando un árbol para construir wincofones.

http://soundcloud.com/radiohuno/hola-como-estas-pais1



Interviú

Hace unos días, nuestro querido Contumante le hizo una entrevista a un conocido antropólogo que andaba por la ciudad. Dicha entrevista constó de una sola pregunta:

C - ¿De qué cuadro es usted?

A - ¡Que la crisis la paguen los capitalistas!

C - Emm... disculpe maestro, no me refería a eso en mi pregunta.

A - Es todo lo que voy a decir.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Radio Huno

Segundo o tercer programa de "¿Hola, cómo estás, país?" que sale al aire de a ratos por Radio Huno.
Escuchenlón, imaginenlón, canelón.
Cordiales saludos.

http://soundcloud.com/radiohuno/hola-como-estas-pais



Fundadores de Radio Huno, allá por los albores del 30


jueves, 18 de agosto de 2011

Crónicas oficinales. Continuación de la perra anarquista. También continuará

Era una mañana invernal, fría, como las demás, y Beto, el ordenanza, leía en la oficina:
"... en el medio del océano, miles de centinelas combatian..."
- ¡¡Beto!! ¡dejá de leer pelotudeces!, ¿por qué no te ponés a estudiar? le dijo su jefa. -Te vas a recibir el día del arquero si seguís así...
- Claro, él lee novelas... mmm... acotó Betty, tirando el anzuelo donde no la habían invitado a pescar...
Caras de reprobación general ante la escasa dedicación del ordenanza a los estudios contables.
El mediodía irradiaba el olor a pescado recalentado-en-microondas de alguna oficina lindera. Los pasillos del ministerio parecían una feria de comidas, con los vendedores golpeando puertas y anunciando su llegada.
Beto salió algo indignado de la oficina a buscar alguna empanadita de carne para manducar. "Tengo unas ganas de irme a la mierda..." pensaba. Le palmean la espalda. Se da vuelta y reconoce la figura agigantada del gordo Tulio:
- ¡Qué hashée betito! -a partir de este momento, Beto habla en primera persona-
- Acá estoy, gordo, comprando algo pa' comer. (por qué no te vas un poquito a cagar)
De pronto aparece alguien mas, ni idea quien es, pero aprovecho y me voy silbando bajito, porque al gordo Tulio le das letra y te escribe una biblioteca...
Vuelvo a mi oficina dispuesto a engullir la empanada, todavía caliente. Golpean la puerta. Nadie se levanta de su silla a atender.
"Vamos Beto, que a las cuatro nos rajamos. Con cariño: tu conciencia"
Traen unas notas y memorandos de la Subdirección fiscal de conflictos melodramáticos.
Saco fotocopias, como se acostumbra en mi sector, y me traigo todo a la computadora para ingresarlo por el sistema. ¿La empanada? Bien, gracias. Mandá saludos si la ves.
Betty libera el teléfono luego de cuarenta minutos de una catarata de problemas que son el deleite de sus compañeros. Tiene las facciones relajadas por la catársis, mientras el resto piensa en convocar un paro de orejas por el resto de la jornada.
Suena el teléfono. Atiendo. Es la secretaria del gerente:
- ¡Hace media hora que estoy llamando! ¿Quién habla tanto por teléfono?
- La verdad que no se. Yo recién llego. (¡Mentira, fue la cornuda de Betty, que se rasca a cuatro manos y además, habla por teléfono)
- ¿Podés venir que tengo un par de trámites?



viernes, 29 de julio de 2011

Perra Anarquista

Tomaba un descanso en medio de la jornada laboral. Él.
Él era Beto, el ordenanza, en un banco de la plaza.
Sacó de su bolsillo un atado de philip morris y prendió uno. Disfrutaba de los vaivenes del sol. Se soñaba despierto. En eso, ve que pasa caminando la rubia. LA Rubia, pero no por su belleza, sino por la curiosidad que despertaba en él tamaña estupidez de mujer. Le gustaba observarla. Más de uno hubiera creído que estaba enamorado de ella.
La rubia se desempeñaba como asesora del Gerente General de Pactos Arancelarios e Intervenciones Remotas. Nadie podía decir a ciencia cierta cuál era su tarea. Se la veía felíz, por los pasillos del Ministerio, con un aire de relajo constante. Beto creía que ella se encargaba de llevar la agenda con los cumpleaños de funcionarios, bautizos de los nenes y cosas así. No se si lo escuchó alguna vez o lo imaginó.
La blonda venía hablando por teléfono, con bolsas en una mano, su cartera y sus botas símil cocodrilo.
¡Puaj! murmuró Beto, el ordenanza, el de los pies ligeros, mientras ella desfilaba por la plaza.
Una vez perdida en la vorágine matinal, Beto, el de los pies ligeros, contempló la figura de un cuadrúpedo que se acercaba. "Cuadrúpeda" aseveró después. Chifló e hizo un chasquido con las manos para llamarle la atención, para que venga a recibir el mimo.
Ni cinco de bolilla. Se acercó e ignoró su presencia con aire altanero, muy pulcra ella para parecer de la calle. Y sin embargo lo era.
Se detuvo a mirarlo por unos segundos, y Beto, el de los pies ligeros, creyó adivinarle el mensaje
"No soy tuya, ni de nadie; soy de todos lados. Recibo mimos y comida cuando se me antoja, no como esa manga de oligarcas que viven cómodos y esclavos en las casas con sus "amos", fichando día a día su tarjeta de simpatía. Ni que hablar de esa nueva camada de canes inventados, pequeños bonsai, todos refinados. Yo soy anarquista."
Dicho esto siguió su camino, libre, como el sol cuando amanece, como decía Nino.
Beto se quedó pasmado ante tal revelación. Se preguntó qué pensaría la rubia de todo aquello. Imaginó que ni se habría percatado de la presencia de la perra. Porque ella tenía ojos para cosas que no existen, o más bien, les deformaba la existencia a cosas que existen. Y miraba del medio de su campo visual hacia arriba.
La perra miraba para donde se le venía en gana, fiel a su instinto y a su libre albedrío.

martes, 12 de julio de 2011

Locuras de una mañana, tarde, a la nochecita


En una clínica privada, dedicada al tratamiento de personas que padecen de insania mental, conducida por personas poseedoras de problemas similares al de sus internos, surgió, alguna vez, una práctica que es muy usual hoy en día pero que fue innovadora en aquella época. El hecho es repetido incansablemente por los locos de las clínicas y hospitales de todo el mundo. A pesar de ello, la gente común y corriente (o silvestre, como más le guste) desconoce el verdadero motivo que los lleva a actuar de este modo. Estamos hablando del hábito o la costumbre que tienen los enfermos mentales de reclamar, a modo de obsequio, algún cigarrillo a toda persona que se cruce en su camino.
El impulsor de este movimiento organizado fue un tal Carmelo López García Méndez, nacido en las Islas Fiyi, algún día ubicado en el período de tiempo comprendido entre los años 1719 y 1932. Aún no se sabe si ha fallecido. Cuenta la historia que el hombre, que se encontraba privado de la libertad a causa de su demencia, padecía un cáncer de pulmón que lo dejaba al Borda de la muerte. Con el afán de evitar que existan otros seres humanos con este conjunto de enfermedades resultante del crecimiento maligno de células del tracto respiratorio, y sabedor de que la principal (y casi única) fuente de este mal es el tabaquismo, emprendió su trabajo de hormiga. Quien pasar a su lado sería interceptado por él a la voz de: – ¿Tiene un cigarro para darme?­– Si la persona tenía, y le convidaba, él respondía: – ¿Otro?– Y así seguía hasta que dejaban de regalarle el preciado tabaco. Se marchaba dando las gracias, pero sabiendo que debiera ser al revés; el agradecido debía ser el otro. Carmelo se sacrificaba, fumando la mayor cantidad de cigarrillos posible, para ayudar a quien se lo quitaba.
El resto de los internos se enteró, vaya a saber uno cómo, que el cáncer pulmonar es uno de los tipos de cáncer más común y decidió acompañar a este hombre en su empresa. Esta costumbre se fue propagando a nivel mundial entre todas aquellas personas que se encontraban en la misma situación. Encerrados y medicados hasta el día de su muerte y que, consientes de ello, decidieron darle algún sentido a su paso por este mundo.
Es así como surge la organización mundial “Locos por el Cigarro”. Sus integrantes trabajan de manera anónima y sin ánimo de lucro alguno. Lo único que pretenden es quitarle la máxima cantidad posible de cigarrillos a los normales con el objetivo de cuidarles la salud; para que éstos dispongan de una mejor calidad de vida. De esta manera, dicen, sienten que le están entregando parte de su vida sin sentido a aquellos seres expendedores de humo, sin detenerse a pensar si es que verdaderamente son merecedores de ello. Tampoco se animan a confesar su plan porque los avergüenza el hecho de creerse capaces de ayudar a seres que se dicen superiores, como lo son quienes caminan sin problemas por la calle, sacando pecho y con la frente en alto, dejando un camino de humo de distintas tonalidades grises en el aire a sus espaldas.
Tratando de no extenderme mucho más en este relato me tomaré el atrevimiento de intentar concluir una idea más general, que me vino a la mente en el momento en que esta historia llegó a mis oídos. Teniendo en cuenta que casi no existen personas en el mundo conocedoras de esta organización mundial tan grande, ni de sus fines, me cabe suponer que tal vez existan otras similares, o simplemente individuos, cuyo leitmotiv sea el sacrificio propio por el bien y/o la felicidad ajenos, que están esperando ser descubiertas. Propongo, para ello, dos cosas. Primero, la atención suficiente como para saber reconocer cuando alguien nos está tendiendo su mano. Y en segundo lugar, la humildad necesaria para no creernos mejores que nadie y así poder aceptar la ayuda cuando nos es propuesta. Creo que con estas cosas será más fácil conseguir la armonía necesaria para una vida plena.

miércoles, 15 de junio de 2011

Henry IV

Mientras agonizaba la noche, Susan preparaba té en sendos cuencos.
El suave aroma a hierbas deambulaba por la casa, llevándole a Henry el desayuno a la cama.
-Anoche sabía a alas rotas- dijo, entre despierto y dormido, contemplando la taza.
Ella estaba detrás de la puerta, escuchando.
-Menudo susto se llevará cuando intente vestirse- pensó.
Luego sonrió, y la cocina se inundó de sol, de plumas, y de huesos, que destrozaron los perros.


jueves, 2 de junio de 2011

Alma


Las hojas muertas del otoño no son más que una parte de la transformación. Nada muere.
Así lo pensé mientras esperaba en la avenida. Peatones y autos y motos y colectivos, como abejas,  forman enjambres. Deambulan, circulan con rumbo incierto, al menos para mí, y quizá para ellos también.
A menudo suelo preguntarme qué mueve a las personas en ese instante particular en el que las observo.
La reina muere, el panal seco se cae; caos.
Un automóvil colisiona contra un poste de luz. Al parecer, el conductor vendría hablando por teléfono.
Lo emparchadores tapan el bache, los de la luz colocan el poste. Los del seguro dan vueltas. El abogado habla por teléfono. Distraído, otro auto lo atropella.
- ¡No pude frenar a tiempo! gime la mujer.
Viene la ambulancia. El hombre está dolorido, nada más que un susto, un susto con sabor a milagro.
La policía cierra la calle. Colocan las fajas. Los peritos analizan. Los observadores observan.
Un observador saca un cigarrillo de marihuana del bolsillo de la campera y lo prende. Pita. Exhala.
Otro policía lo advierte (advierte el hecho) y procede a su detención.
Se lo llevan. El hombre es Australiano. "Deportado" sentencia el acta labrada. Unos días en la celda, llamadas administrativas al consulado, papeleo. Lo llevan al aeropuerto. Llega a Sydney, estornuda.
Expulsa una bacteria que trae de acá. La gente muere, el virus muta. Nosotros mutamos.
Nuestro panal aún no cae, aunque sólo es cuestión de horas. Yo estoy en la vereda, esperando la caída; sin pánico alguno, puesto que soy hombre de Fé, y un hombre de Fé sabe que no existe final, sino sucesiones de momentos, y en éste momento en particular, un auto colisiona contra un poste de luz, y el enjambre se repite, y las sirenas suenan, de nuevo.


viernes, 27 de mayo de 2011

Gesta social

En España, luego de la multitudinaria protesta en contra de las políticas de gobierno, Manuel escuchaba los comentarios al respecto en un programa de televisión. Uno de los panelistas de dicho programa esbozó la siguiente frase con total impunidad. "Yo ahí veo un montón de gente, provocando disturbios, leo lo que dicen sus carteles y no encuentro a nadie que reclame que quiere trabajar".
Palabras que llenaron de ira e impotencia a este televidente ocasional y le quedaron dando vueltas en la cabeza por unos días hasta que sintió que debía tomar cartas en el asunto. Llamó a su amigo Raúl y fue a la casa a comentarle la idea. En su mente rondaba un lema.


-Raúl, mira lo que he hecho -y le mostró una pancarta que decía:
"¡YO NO QUIERO TRABAJAR!
Quiero heredar una fortuna para así poder gastar el tiempo de mi vida en hacer algo que realmente me guste, me de placer y sea productivo para la humanidad toda."
-¿Qué te parece?
-Todo muy lindo, pero no estamos muy de acuerdo con el asunto de la herencia -contestó Raúl conforme a su ideología anarquista.
-No es que yo lo esté, pero me pareció la mejor manera de poner en evidencia la forma en que funcionan las cosas a mi entender. Yo no quiero trabajar porque no quiero ser explotado. No puedo reclamar que me mantengan "ocupado" para que ellos, los herederos de la "riqueza", sigan disfrutando de los beneficios que les da su condición de "enviados del Señor" y nosotros estemos condenados a ser un gasto indeseado de sus empresas. Yo también quiero disfrutar de los mismos derechos que ellos. Y quiero, además, que todo el mundo pueda disfrutar de las mismas libertades.
-¡Eeeeessaaaa! ¡Manuelito presidente! ¡Yo te voto colega! 
Ambos rieron ante la ocurrencia de Raúl.


Disfrutaron del poco tiempo que quedaba de la tarde. Cenaron y Manuel se marchó rumbo a su casa, donde guardó de manera lo más prolija posible, la pancarta.
Pasados los días, con su ilusión a cuestas, Manuel aún sigue esperando el momento de desenrollar el cartel y que el mundo conozca, así, lo que piensa.

domingo, 15 de mayo de 2011

A propósito

El arquitecto estaba parado, de espaldas al sol, contemplando la obra.
El viento arremolinaba en su cara y él sonreía como sonríen los diablos.
Había dibujado en los planos una escalera de entrada, de unos diez peldaños grandes, aunque no muy alta. El edificio quedaba de esta manera veinte metros adentro de la manzana, bastante más escondido que el resto de sus vecinos, los otros edificios.
No fue en nombre de la vanguardia, ni un hecho fortuito; resultaba difícil adivinar su motivo contemplando su rostro alegre, pero esa mueca de diablo, como dije antes, dejaba entrever un hilo malévolo que se hizo ovillo con el progreso de la obra.
Su intención –él mismo me lo reveló años mas tarde- fue la de dejar una marca de su resentimiento personal , plasmarla en aquella construcción.
El espacio vacío que dejaba el edificio desde la puerta, pasando las escaleras hasta la vereda, serviría para que el viento almacenara allí grandes cantidades diarias de bolsas, hojas, papeles…
Pude contemplar la obra finalizada – la obra malévola, el edificio ya estaba terminado hace tiempo- los primeros días del otoño pasado, cuando vi al encargado maldecir, mirando al cielo, y barrer durante horas y horas, todos los días en aquella trampa malintencionadamente perfecta.

jueves, 12 de mayo de 2011

El último sol

Arremangóse -literalmente-. Puesto que no vestía camisa, el brazo huesudo se alzó. Su falange anular se esforzó por tocar el sol. Se hizo la eterna noche.
Era él... último ser vivo en la galaxia.

viernes, 22 de abril de 2011

Breve historia de los chacinados

Todo se remonta al siglo xxvii a.C., cuando la dinastía Persa sufría una grave crisis moral, ética y episcopal.
El príncipe Amín, hijo de Amón, y nieto de Salmón (casado con Beatríz Salomón), se disponía a acceder al trono del imperio. Ésta historia puede ser corroborada visitando las minas del rey Salomón (hermano de Beatríz).
Ellas transmitieron dichos sucesos degeneración en generación.
La leyenda cuenta que debían superarse una serie de pruebas para ser el nuevo Califa. Y fue en una de ellas, en las que el jóven Amín trastabilló... y se partió un diente contra el piso.(véase, "el diente de Amin", tomo 914)
Fue durante ésos dias de arduas pruebas, cuando el príncipe vivió una experiencia sobrenatural, similar a lo que le sucedió a Napoleón siglos después. A manera de relax, se propuso ir a tomar un aperitivo al bar de la pirámide, pero ya venía algo "copeteado" de palacio, asique se perdió en el laberinto de cámaras, vestuarios y camerinos.
Arribó a una sala, de la que "brotaba" la luz, lo cuál le llamó la atención.
Caminó unos pasos, y distinguió una silueta humanoide que se dirigía hacia él.
- Hola! Mi nombre es Fabio Zerpa (balbuceó el alienígena en Guaraní, lengua dominante en aquel momento), y vengo a cumplir con una misión de índole gastronómica.
Dicho esto le otorgó un objeto (desconocido para Amín), y se elevó hacia el vórtice de la sala, donde misteriosamente desapareció.
Aturdido, el príncipe no advirtió los gritos de sus súbditos, tratando de derribar la puerta de la cámara.
Éstos le decían:

“Sal Amín!!! Sal!!!
 Sal Amín!!! Sal de ahí!!!”

Estaba pasmado contemplando el “obsequio divino”, cuyo aroma le fascinó; entonces sacó del turbante su navaja “jinsu” y le quitó la piel que lo recubría. Lo cortó en finas rodajas y se lo comió.
Salió de la cámara, y al encontrarse con sus súbditos, les dijo:
Señores, he tenido una iluminación… he descubierto el Salamín.

viernes, 15 de abril de 2011

El literato rebelde

"Yo creo en la transversalidad del diptongo" dijo el literato a su audiencia dando por cerrada su exposición en el quincuagésimo festival de la lengua española en Miami. Hizo un paneo general de su público y chocó con la cruel realidad. Sus revolucionarias ideas gramaticales eran demasiado para una sociedad tan opaca.
Sin pensarlo dos veces se desnudó por completo y comenzó a danzar de forma inconexa, y al grito de: "ponele un acento a la consonante" se retiró detenido por la fuerza policial.

*Extracto del libro: " El plaza tiene asientos que no se reclinan. Una aventura maquiavélica dentro del cerebro humano."

martes, 12 de abril de 2011

Alborada

Los soñó. Hay gente que tiene esa capacidad, la de soñar con algo y que le salga en la timba. Puede ser la matutina o la vespertina, tal vez la nocturna. Si no sale como era, quizá sale al revés. Pero siempre le andan rondando.

Esta vez no fue algo inusual. Pero el onirismo suele presentar variables que quien lo vive, si es que cabe el término, hace que el despertar se torne un poco diferente. Y esa madrugada lo vio tan vivo, tan pertinente para arriesgarlo todo.

Se vistió algo apurado. Buscó debajo del colchón y encontró los ahorros de media vida (poco más, poco menos). De ahí se dirigió al quinielero del barrio, que sorprendido le tomó la apuesta, no sin antes mirar hacia los costados, sospechando cualquier movimiento extraño. “El 86”, dijo.

Horas más tarde, la radio sobre el modular del comedor daba los resultados. “Y a la cabeza, el 68”, relató. Tomó su cabeza con las manos y musitó algunos insultos. Se preparó una sopa, la tomó. Y contó los días de su vida.

martes, 5 de abril de 2011

Historia Antigua vol. I

Abdul Mustafá fue príncipe de Baghdad. Recibía con disgusto y desazón las constantes quejas de sus súbditos, en su mayoría por una ordenanza que prohibía la poligamia.
- "Alá se presentó ante mi, oh querido pueblo, y me habló de la fidelidad y del amor entre dos personas. ¡No más orgías compañeros!- dictaminó el soberano.
- ¡Buuu! ¡Alcahuete! ¡Mentiroso! ¡Taffarel! ¡Impostor!- gritaba el pueblo indignado.
El revolucionario príncipe, hostigado por su gente, resolvió abdicar.
- ¡Que los gobierne Magoya!- dijo
Y Magoya los gobernó, y volvieron las orgías, el opio y la sangría.

sábado, 26 de marzo de 2011

Un laboratorio donde se estudia el alma

El viejo Miguel se tomó el trabajo. Comenzó hace mucho, una mañana de Septiembre, a juntar los deseos de la gente.
Los fue colocando en frascos y los etiquetó, uno por uno, para luego observarlos con el infrascopio.
- "Sé que no voy a descubrir la esencia de nada"- repetía
- Verán, por aquellos días estaba yo muy sensible...
Me daban lo mismo los nuevos modelos de automóviles, los avances tecnológicos, los bestsellers, el cine, las nuevas comidas de las que el mundo hablaba. La música que amaba colisionaba contra un muro blasfemo, de colores brillantes y cajas bonitas.
Con mis seres queridos la conversación era circular, siempre en el contorno. Sin embargo, yo sabía (¡lo sabía!) que existía algo mas que aquella predestinada y carcomida rutina.
Algún tipo de angustia repicaba en mí como una gran campana de bronce, bien adentro, persistente, amiga (por aquél tiempo la consideraba justamente lo contrario)
Entonces comencé a prestarle mayor atención, a escucharla, enhorabuena.

-No es contradicción, sino mas bien difícil de explicar, eso que producía en mí aquella mirada triste bajo el puente.
Como no viajaba a menudo por aquellos lares, solía olvidarla con el transcurso de las horas.
El hecho es que, la última vez que la vi, me sonrió -o al menos eso sentí- y no podría precisar por qué, su rostro... su recuerdo perenne, ¡sus ojos! florecían día y noche.
Tan humanizado me sentía... decidí ir a buscarla. Me vestí, sin desayunar, y bajé a tomar el colectivo.
Ya no estaba.
Para mi sorpresa, encontré varios de aquellos rostros tristes, otros.
Gentes barridas bajo el tapete de las "grandes oportunidades".

-Decidí tomar esas impresiones, y, contradiciéndome, captar la esencia de aquello que veía y sentía.
Decidí también utilizar mi tiempo libre para ahondar en esta investigación.
Destrocé un paradigma científico. Pude captar al objeto en-sí, el Noúmeno del que hablaba Kant, pero no pretendo brindar mayores detalles sobre eso.
No quiero ningún premio.
Sólo anhelo que la gente experimente todas estas sensaciones, deseos y sueños de otras personas, pero en carne propia; mostrarle al mundo lo que yo veo.
Sigo trabajando para construír el equipo que lo haga posible.
Si lo logro, seguramente hable con alguna Universidad para presentarlo a la comunidad científica. Caso contrario, dedicaré mi vida a intentarlo, después de todo, me parece que persigo un fin mucho más justo y menos egoísta que el de ésos tontos alquimistas del siglo XV.

viernes, 25 de marzo de 2011

El valor de la vida

-¡Cómo han cambiado los valores! Hoy te pegan un tiro por cualquier cosa, o te acuchillan. Así, sin ningún problema. Les importa un carajo la vida. Antes te respetaban un poco más, tenían códigos. Pero ahora andan todos drogados, ¿viste? Se cagan en la gente.

-¡Sí! ¡Tenés razón, loco! Hace como un mes, a un amigo lo mataron por una bici de mierda. El pendejo estaba andando por la vereda. Mi amigo se la saca. Tranquilo, sin violencia, según me dijeron. Era una playera, despintada, medio oxidada. Él mismo solía acomodarlas y venderlas muy baratas. No te das una idea de lo que vendía. Todo el mundo se las compraba. Sabían que eran afanadas, pero no les importaba mucho cuando les decía el precio. A veces se las encargaban de antemano. Sacaba alrededor de 50 mangos por cada una. En eso, sale el padre del pibe y lo corre a los tiros. Le embocó dos en la espalda. Le perforó un pulmón. ¡Pobre Ramiro! No sabés cómo lo extraño. Era un amigazo. ¿A vos te parece que una playera sea más importante que la vida de mi amigo? ¿En qué cabeza podría caber algo así?

domingo, 20 de marzo de 2011

Una fuga dolorosa


Norma estaba sentada en el inodoro. Ecos se reproducian en su cabeza a una velocidad incalculable. 

Ya no podía evitar pensar en su par de zapatos, los que le había regalado su Tio Jorge:  significaban mucho para ella.
De pronto miró al Bidet, una y otra vez , y se lanzó hacia él, descontrolada, y en voz alta le decía:
- ¡Para lo único que servís es para tirar agua !
Nauralmente, el Bidet no le contestó nada ... Norma lo golpeó varias veces , terminó lastimada y en el hospital.
Dos días después, el joven médico, residente del nosocomio, no entendía absolutamente nada.

 Miró a la enfermera y le dijo:
 - Fijate como está de suero y ponéle si hace falta. Yo voy al baño.
Barbarita, la enfermera de aquél establecimiento, se pronunció hacia el médico:

- Che Picucho, el bidet está roto ( Pichucho era el seudónimo del joven médico, su nombre es Roberto F. P. ) 
Quince minutos después de finalizada la guardia, Roberto y Barbarita se fueron juntos a comer unos tacos y a tomar unos vasitos de Tequila  al Bar de Johnny . 



Publicado por Cristian "por-qué-no-te-hacés-una-cuenta-y-subís-directo" Piquillín

martes, 15 de marzo de 2011

En el quinientos seis y en el dos mil también

Maribel preparaba el estofado mientras, de fondo, Obama hablaba sobre el Tsunami en Japón.
- ¿Y éste quién se cree que es? ¿El presidente del mundo?
- ES el presi del mundo, vos que te pensás... ¿le falta mucho a eso? le contestó Héctor, su marido.
- Le falta un rato, hacete unos mates viejo... (pensativa mientras revuelve, busca las palabras para expresar su idea)
- ...sabés que pasa... me indigna... los yanquis y muchos giles pensaban que el muñeco éste iba a cambiar algo, pero no...
- En eso tenés razón mujer, es como comprar picada común o especial, te gastás un mango más pero a fin de cuentas es lo mismo.
- ¡No hay Yerba! (Maldice en voz alta)
- Me voy a lo de Mario a comprar.
Y salió por la puerta, silbando bajito, como quien no quiere la cosa, aquel tango de Discépolo.

lunes, 14 de marzo de 2011

El uno de oro, el otro sucio

-¡Pero nene! ¡Todo el calzón cagado tenés! ¿No te limpiaste el culo?

-No mamá, me olbidet.

sábado, 12 de marzo de 2011

Reivindicar la galopa

Todos sabemos lo que signifíca hoy para el ser humano una adicción.
La tarde del 14 de febrero, Miguel "Tijerita" Ramirez, sentado en una mesa de un conocido Bar de la ciudad , comentó a su íntimo amigo el Caracol:

- Acá la solución no es salir de la droga sino cómo quedarse con ella, o séa ENTRAR ...
- No te entiendo tijerita ¿..? .
- Es simple, si no tenés Plata no podés comprar falopa, por eso te digo que si entrás es por que te drogás ... y salir es re sencillo , no comprás ... o no conseguis ..mirá que simple. 
- Ahhhh !!!









Publicado por Cristian, alma mater de todo este asunto.

viernes, 4 de marzo de 2011

Burdel

La trampa ya está tendida. El jefe las mira desde lejos. Se pasó mucho tiempo pergeñando esta gran tela de araña de la cual nunca más las dejará salir. Las bailarinas se acercan danzando torpemente, como intentando disfrutar de aquello que tan feliz las hizo alguna vez.

Vienen de todos lados: algunas, de lugares vecinos; otras, de tierras un poco más alejadas. Todas fueron expulsadas de sus lugares de origen. Dieron en este lugar durante la búsqueda de una mejor vida (algún paraíso tal vez) o simplemente de un sitio donde poder subsistir de manera digna.

Es ahí donde él entra en juego. Se aprovecha de la situación de debilidad de sus presas, las confunde y las atrae a una muerte lenta, muy lenta. No todas ignoran lo que les espera. Pero de todos modos confluyen al llamado, pensando que al menos pasarán sus días viviendo de la alegría y el placer.

El problema es que en muy pocas ocasiones les pertenecerán a ellas (solamente cuando ocurra que algún muchacho apuesto las trate como personas); la mayoría de las veces será propiedad de los insectos que se les posen encima. Saciando su lujuria, alimentándose de su vitalidad y extrayéndole cada gramo de felicidad posible.

Esta especie de insecto, luego de la tarea cumplida, suele despedirse de ellas dejándoles uno o más papeles de colores -pequeñas cartas de amor- que deben compartir con el dueño del lugar. Es así como este personaje se adueña de gran parte del cariño recibido por cada una de sus bailarinas sin haber sido él el artífice del mismo en ningún momento.

Lord Sam Eduleo

Soporté la humillación en forma de estocada. Soporté la indecencia de las rumbas en caderas negras. Soporté los vientos con arena que lapidan mis ojos. Soporté las miradas de costado. Los caminos errados. Soporté los miedos infantiles en cuerpos de adultos. Soporté otras vidas anteriores que ni recuerdo. Soporté los latidos incesantes y urgidos. Soporte las mareas en altamar, sobre balsas precarias. Soporté pesadillas interminables. Soporté no soñar. Soporté la guerra, la paz, el cólera. Soporté morir picado por una araña. No soporté el dolor de muelas.

jueves, 3 de marzo de 2011

miércoles, 2 de marzo de 2011

El culto silencioso

La ceremonia se celebró según lo convenido. Cada uno de los miembros transitaría su jornada normalmente. Sin reuniones ni ritos, medallas o diplomas.
Meditaciones por dentro, normalidad por fuera.
Ello le imprimió un sello perfecto, que ni el lacre más precioso podría jamás igualar: su carácter secreto.

lunes, 28 de febrero de 2011

Ingeniería secreta de un escritor que sin dudas no llegará a nada

Seguidores del blog, quiero retribuirles su especial deferencia al leer nuestras creaciones "literarias" y qué mejor que develando la trama secreta de la narrativa contemporánea, o, más humildemente, de la manera en que yo "trabajo"...
Lo primero de todo es una idea, quizá una metáfora, lo cual va a constituir el argumento del cuento. Luego la escribo, por ejemplo:
Hay un tipo habla sólo cuando está solo; delante de otros, no. De modo que es mudo, porque uno es lo que la sociedad dicta. Hasta que un día se descubre que habla, por las arrugas de la cara o algo así. La idea es que lo interno sale a la luz de algún modo. Quizá una metáfora posible sea que nunca tira la basura pero algún día ella desborda y sale afuera.
Después, un día, cuando tengo tiempo, ganas y algo más, lo escribo de un tirón. Siguiendo el ejemplo, podría ser:
El hombre no hablaba. Sintetizaba la hermosura del universo, pero no hablaba.
Una orquídea, un pavo real, el olor a pasto recién cortado, a tierra mojada, nada significaban para él, pues no hablaba.
La gente empezó por admirar su condición, continuó por apenarse ante su imposibilidad de ser, y terminó por contemplarlo como quien observa una montaña, una nube, un campo sin arar.
Su quietud era inigualable, y su aspecto, ambiguo, como las arrugas de un bebé recién nacido.
Junto al lago, un viejo roble y la hija de Don Birgona, pasó a formar parte de las riquezas naturales más dignas de orgullo en todo el pueblo, aunque hacía ya un tiempo en que la riqueza, la dignidad y el orgullo no eran más que simples palabras.
En cuanto la gente notó que su carácter era semejante al de una piedra, al de una pelota, al de una flor, se lo nombró como a una cosa, o sea, de cualquier manera. No recuerdo la palabra que lo designaba; sé que a nadie se le ocurrió asignarle un nombre propio.
Como no hablaba, no podían hacerlo trabajar, así que lo utilizaban para atar sus bicicletas, para retratarlo. No faltaron quienes quisieron embellecerlo más, y le colgaban adornos; pero el viento, indómito, los arrancaba con eficacia.
Así las cosas, el hombre no hablaba. Algo natural, pues se trataba de un objeto, qué iba a decir, si de nada se daba cuenta, hasta que un día pestañeó, se acomodó la camisa, y dijo, con involuntaria solemnidad:
- Qué va a hacer, hermano. Es lo que hay.
Horrorizada, la gente corrió durante horas sin parar; luego, el silencio cayó como un trueno.
El pueblo fue abandonado. Ya no se supo más del hombre que habló; ni de él, ni de la hija de Don Birgona.
Esas palabras dejaron al lugar totalmente deshabitado; ellas y el tren que ya no volvió a pasar. Ahora sólo hay un roble; pero los robles, naturalmente, no hablan.
Por último, decido que aún no llegué a lo que quería expresar, y abandono el cuento en un cajón del que tal vez no saldrá más que para mudarse, con suerte, a un departamento mejor.

Piedrita

Rubén era un hombre de grandes anhelos.
Geólogo, noctámbulo, poeta y ensayista.
Su vida giraba en torno a las piedritas. A todos les hablaba de ellas. Incluso les escribía poesías.
Una noche su mujer le arrojó una por la cabeza al grito de -¡¡me tenés re podrida Rubén, vos, tus piedras, tu hermana y esos garabatos que escribís!!
Lo llevó la ambulancia, desmayado, con su piedrita incrustada en la frente, directo al hospital.
Le descubrieron también cálculos en la vesícula.
-"Mmm, tengo piedras adentro", pensó él.
-"Se juntaron el hambre y las ganas de comer" pensó Pocha, su mujer. El médico hablaba.
Años después, se doctoró en medicina.
Urólogo. Dale que dale con la piedrita.
Pesado como collar de melón "el Rubén".

viernes, 25 de febrero de 2011

Fue lo que pudo no lo que quiso

Mientras el sueño sucumbe ante mi despertar recuerdo esas noches de jocosa soledad donde me sentaba en mi cama con mi "tapar" e imaginaba distintos mundos posibles. Ninguno tan real, tan mísero, tan poca cosa como el mundo que me toco sufrir.

Este mundo del que les quiero hablar, es un espacio etéreo, insoportable morfologicamente hablando. Un lugar donde la gravedad nos prohíbe volar y si aun así logras levantar los pies de la tierra seguro viene algún gil y te pega un gomerazo y te hace volver al piso. Quizás mis palabras no se entienden porque debo admitir que este no es su objetivo. Ellas se someten a la voluntad artificiosa de un genio maligno cartesiano que las impregna de maldad e intolerancia.

Pero no es mi deseo embaucarlos con una historia de tinte trágico, sino mas bien por el contrario quizás tal vez sea esta una oportunidad única en la que puedo yo demostrarle a varios cientos de miles de millones lo inverosímil de la palabra humana. Esto es lo que tengo para decir por lo menos por ahora. El que así no lo entendiese que se ponga a mirar sus entrañas.

jueves, 24 de febrero de 2011

Busco una madre.

Busco una madre.
Sabía que tenía una amiga, pero nada más. Ahora ella me llamaba, tenía algo para darme. Era una caja con cartas escritas por mi vieja. En todas se destacaban sus enormes virtudes. Las fui leyendo entre llantos y risas, y las fui dejando sobre la cama. La última, envuelta en un sobre verde, tenía una exhortación: “No la guardes, quémala”. Era más larga que las otras. Casi una especie de autobiografía en la que aseguraba que siempre supo que pasaría a la gloria y que, por ende, sus cartas se darían a conocer. Sus otras cartas habían sido escritas para esa posteridad minuciosamente construida. Esta, en cambio, las contradecía. Se sinceraba, en el ocaso de su enfermedad, con su amiga de siempre, pero al final repetía la orden inicial: QUÉMALA.
Recogí las cartas que habían quedado desparramadas por la cama de mi vieja y acomodé las sábanas. Antes de salir miré otra vez la habitación. La radio de madera, los libros viejos, el tibio encendedor.